REVESCO. Revista de Estudios Cooperativos.                                                   PRESENTACIÓN MONOGRÁFICO

e-ISSN: 1985-8031


 

Etnografías de la Economía Moral.
Racionalidades y prácticas emergentes en España

 

Richard Pfeilstetter

Universidad de Sevilla (España) Icono

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Sara Sama Acedo

Universidad Nacional de Educación a Distancia (España) Icono

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https://dx.doi.org/10.5209/REVE.102519

 

ES Resumen. Este monográfico propone una lectura situada de la economía moral a partir del análisis etnográfico de iniciativas transformadoras vinculadas a la economía social y solidaria. A través de ellos, se exploran no solo las formas concretas en que se movilizan valores morales en contextos económicos específicos, sino también las tensiones, ambigüedades y contradicciones que surgen en ese proceso. Discutiendo los cinco artículos del monográfico, contribuimos en esta introducción al debate teórico en torno al concepto de economía moral desde una perspectiva relacional, contextual y situada. Temas centrales en los artículos son la igualdad salarial, la reciprocidad en organizaciones horizontales, la división sexual del trabajo, la tensión entre el autocuidado y la autoexplotación o la militancia idealista que se enfrenta con la necesidad de crecimiento e ingresos. Los casos estudiados son cooperativas, asociaciones y fundaciones que operan en diferentes comunidades españolas, incluyendo Navarra, Cataluña, Andalucía, Madrid y Asturias. Las iniciativas observadas trabajan en diferentes sectores económicos como la gestión de residuos, el cuidado de la infancia, mayores y trabajo del hogar, el reparto de comida y la alimentación agroecológica. Discutimos en esta introducción la naturaleza de estos contextos morales de la actividad económica. Defendemos el enfoque etnográfico que sensibiliza por la diferencia entre objetivos morales y practicas cotidianas y desarrollamos una perspectiva analítica que concibe compromisos morales como producto y productor de interacción económica.

Palabras clave. Economía moral, economías transformadoras, economía social y solidaria, cooperativismo, etnografía, antropología económica.

Claves Econlit. A13, Z10.

 

 

ENG Ethnographies of the moral economy.
Emergent rationalities and practices in Spain

ENG Abstract. This monograph proposes a situated reading of the moral economy based on the ethnographic analysis of transformative initiatives linked to the social and solidarity economy. It explores not only the concrete ways in which moral values are mobilised in specific economic contexts, but also the tensions, ambiguities and contradictions that arise in this process. By discussing the five articles in the monograph, we contribute in this introduction to the theoretical debate around the concept of moral economy from a relational, contextual and situated perspective. Central themes discussed in the articles are wage equality, reciprocity in horizontal organizations, the sexual division of labor, the tension between self-care and self-exploitation or idealistic militancy confronted with the need for growth and income. The cases studied are cooperatives, associations and foundations operating in different Spanish autonomous communities, including Navarra, Catalonia, Andalusia, Madrid and Asturias. The initiatives observed work in different economic sectors such as waste management, childcare, elderly care and domestic work, food distribution and agroecological food. In this introduction we discuss the concept of the moral economy as a backbone of the five case studies. We discuss the nature of these moral contexts of economic activity and argue for an ethnographic approach that increases awareness of the difference between moral objectives and everyday practices. Our analytical gaze conceives moral commitments as both a product and a producer of economic interaction.

Keywords. Moral economy, transformative economies, social and solidarity economy, cooperativism, ethnography, economic anthropology.

 

Sumario. 1. Etnografías de iniciativas económicas de base moral en España. 2. Aspectos de economía moral en los estudios de caso. 3. Conclusiones. 4. Referencias bibliográficas.

 

 


1. Etnografías de iniciativas económicas de base moral en España

Entidades de la economía social y solidaria y del tercer sector pretenden moralizar la economía. Esto es, intentan que valores como solidaridad, cooperación y sostenibilidad primen sobre individualismo, competitividad y productivismo. Mientras que es fácil simpatizar con estos objetivos, es más difícil saber cómo se implementan prácticamente más allá de la retórica, las estadísticas embellecidas y de las buenas intenciones. Es aquí donde este monográfico propone aportar nuevos datos etnográficos basados en descripciones en profundidad de prácticas reales y experiencias vividas de primera mano de las investigadoras. Los cinco artículos que conforman este número especial presentan diferentes iniciativas socioeconómicas alternativas nacidas en diferentes puntos de España. Nuestras autoras han acompañado estas entidades durante un tiempo prolongado, siendo la observación participante, las entrevistas en profundidad y la recopilación y análisis de material documental las principales técnicas de investigación. Estas exploraciones etnográficas permiten exponer con gran detalle los desafíos que, en la práctica cotidiana, enfrentan los/as actores cuando intentan hacer realidad otra economía. ¿Cómo se practica una economía con principios morales durante las jornadas cotidianas de los profesionales de este sector? ¿Qué dificultades emergen y que soluciones encuentran?

La economía social y solidaria es diversa y por ello exploramos diferentes sectores económicos donde tienen lugar procesos de moralización. Un caso es la economía circular como un modelo de gestión alternativa de residuos. Otro la organización alternativa del cuidado de la infancia, los/as mayores y del trabajo del hogar. El cooperativismo de plataforma y los derechos laborales en el reparto de última milla es otro ámbito emergente que tratamos. Así como los supermercados cooperativos y otras iniciativas ecosociales y agroecológicas que se expanden actualmente. La mayoría de las entidades que presentamos en este monográfico han adoptado la forma jurídica de cooperativas, asociaciones y fundaciones. Operan en diferentes lugares del territorio español, incluyendo Navarra, Cataluña, Andalucía, Madrid y Asturias. Con esta diversidad geográfica, sectorial y organizativa de nuestros casos de estudio queremos generar una idea general de tendencias actuales y sectores emergentes de las economías transformadoras en España.

Abordar analíticamente la práctica cotidiana de las entidades de la economía social y solidaria, permite observar cómo se definen y negocian diferentes lógicas y marcos de acción. Por ejemplo, como las soluciones pragmáticas, las expectativas morales y los mandatos normativos compiten y se entremezclan. Estos dilemas y los modos prácticos de tratar con ellos están en el centro de análisis de los cinco artículos. Dos de ellos se sitúan en el marco de la democratización de los cuidados. Uno analiza los desafíos de la reciprocidad como principio regulador de las relaciones en organizaciones asociativas horizontales dedicadas a los cuidados. Se observa como la reciprocidad se puede volver “negativa” en la práctica al generar tendencias de auto explotación. El otro enfoca a las potencialidades transformadoras de los imaginarios y representaciones sobre el “buen cuidado” que se ponen en práctica en asociaciones y fundaciones de base comunitaria. El valor dado al sostenimiento ampliado de la vida, a los vínculos, a la atención centrada en la persona y el derecho a la elección de los cuidados se performa y negocia frente a y atravesados por los ejes de desigualdad que generan los marcos de dominación hegemónicos: capitalista, patriarcal, y racista. Otra aportación se centra en iniciativas de aprovisionamiento agroceológico y la cuestión de la ampliación de la escala, que interpela tanto la viabilidad económica de las iniciativas como el mantenimiento y la expansión de sus objetivos de justicia y sostenibilidad social y ambiental en el aprovisionamiento alimentario. Al crecer en escala mediante el fomento de la logística y la comercialización a través de supermercados cooperativos, las iniciativas tratan de atajar la tensión capital-vida que, además, interpela de modos diferentes a productoras y consumidoras. Así, tratan de revertir la homogeneidad socioeconómica de sus participantes, flexibilizar los modos de participación (trabajo-militancia) e integrar los cuidados en la organización de la cooperativa. Otro caso es el de las plataformas cooperativas ciclistas de reparto de comida y mercancía donde se ilustra como los principios de justicia laboral como organización de base e intercooperación cobran fuerza desde la relacionabilidad cotidiana de las trabajadoras. Se concretan social, material y tecnológicamente en la apropiación de la tecnología como medio y herramienta de producción que sustenta esta economía. La autora presenta, de este modo, la intercooperación y la escalabilidad de las plataformas tecnológicas alternativas como prácticas sociotecnológicas que pretenden hacer realidad un tipo de crecimiento moralmente sostenible. Finalmente, otro artículo analiza una organización de largo recorrido dedicada a la recogida y recuperación de residuos voluminosos. Se explora cómo se articulan mecanismos de cohesión ideológico/simbólicos y acciones racionales para mantener los objetivos de inclusión y solidaridad laboral, basados en la igualdad y sobriedad salarial, la reducción de jornada laboral y una distribución no horizontal de la responsabilidad y toma de decisiones. En la tabla siguiente vemos resumidas las aportaciones de los cinco artículos que componen el monográfico.

 


 

Tabla 1 Dimensiones de los cinco estudios etnográficos del monográfico según orden de publicación

AUTORAS

SECTOR

LUGAR

TENSIONES ECONOMICO-MORALES

ENTIDADES

Patricia Homs, Sara Sama, David Berna

supermercados cooperativos, agroecología

Cataluña

Escalabilidad, viabilidad económica y sostenibilidad ecosocial. Homogeneidad de miembros, falta de integración de los cuidados. Tensiones en el reparto de responsabilidad, militancia y trabajo.

cooperativas

Matxalen Legarreta, Isabel de Blas, Sofía Ugena

 

cuidado de hijos, mayores, agroecología

Asturias, Madrid, Andalucía

Las plusvalías de la reciprocidad y la reciprocidad negativa. Autoexplotación

cooperativas, asociaciones

Maider Baraño, Alba Artiaga y Lucía del Moral

cuidados comunitarios en infancia, vejez y empleo del hogar,

Ámbito rural y urbano del norte y sur del estado español

Imaginarios y discursos del del “buen cuidado”, sesgos de género, clase y raza. Autocuidados en el colectivo.

asociaciones y fundaciones

Raquel Alquézar

reparto y mensajería de última milla

Barcelona

Plataformas cooperativas, derechos laborales. Apropiación sociotecnológica de los medios de producción. Intercooperación, escalabilidad.

cooperativas

Jesús Sánz

economía circular, gestión de residuos

Navarra

Igualdad salarial y reducción de jornada.

cooperativa

Tabla de elaboración propia.

 

2. Aspectos de economía moral en los estudios de caso

El concepto de economía moral hace énfasis en los imperativos éticos que estructuran cualquier comportamiento económico. El historiador marxista Edward P. Thompson (1971) y el politólogo y etnógrafo James C. Scott (1976) popularizaron el termino desde los años setenta del siglo pasado. Lo utilizaron para analizar contextos de explotación de comunidades campesinas del siglo XVIII en Inglaterra y del siglo XX en Burma. Por lo tanto, ¿por qué adoptar este concepto para analizar tendencias contemporáneas de iniciativas mayoritariamente urbanas de la economía social y solidaria en España? Por un lado, el lenguaje de lo moral que estructura marcos y narrativas a partir de los cuales se autodefinen y sitúan diversos proyectos económicos actuales demanda indagar en la tensión entre lo posible y lo deseable. Por ejemplo, apuntar a “la moral” a menudo tiene connotaciones positivas, mientras que acusar alguien de “moralizar” es aludir al uso estratégico indebido. ¿Cómo explican y cómo practican las trabajadoras/es de la economía social contemporánea esta diferencia? El enfoque etnográfico que proponemos permite visibilizar la sociodinámica cotidiana de estas iniciativas de una manera procesual y situada. Esto permite contrastar las posiciones morales explícitas que declaran las entidades con las moralidades subyacentes que aplican en el día a día.

James Carrier define la economía moral como obligaciones mutuas resultantes de las transacciones prolongadas en el tiempo (2018: 18). Diferente a los valores morales generales que son el contexto para cualquier interacción – económica o no –hace énfasis, en otra cuestión clave, esto es, en la interacción misma entre agentes que produce sus propias inercias morales. Y es que para entender el conjunto de valores que ponen en juego los sujetos de las iniciativas abordadas, es importante también reparar procesualmente en las relaciones empíricas, o vinculaciones relevantes, que mantienen en su vida social concreta. Por ejemplo, las cooperativas abordadas en este número tienen como valor referencial de sus propuestas la solidaridad. En la práctica cotidiana de estas cooperativas, este valor, se basa en un modelo que prima la solidaridad con las compañeras de trabajo sobre otras lealtades, entre otras cosas porque, a menudo, trabajar juntas durante largos tiempos produce bases sociales solidas de fidelidad, apoyo y dependencia mutua. Raquel Alquézar ilumina esta cuestión desde una mirada procesual al caso de la cooperativa Mensakas en Barcelona. Esta cooperativa nace y evoluciona a partir de un conflicto sobre derechos y condiciones laborales entre las plataformas de reparto de comida a domicilio y sus trabajadores. Desde la perspectiva de Carrier se puede decir que las transacciones impersonales entre plataforma y trabajadores inhibe obligaciones mutuas. La falta de transparencia en torno al funcionamiento de los algoritmos y las dificultades de comunicación entre repartidores y plataformas favorecen la individualización y aislamiento de las trabajadoras. Así, observamos que, lo que vincula a los trabajadores, desde un inicio, no son tanto valores abstractos sobre justicia salarial, sino que el encuentro continuado en los centros de área en los que esperaban sus pedidos, fue lo que permitió un intercambio de relaciones interdependientes y cuidadosas. Es precisamente aquello que los algoritmos invisibilizan, pero sin lo que no podrían operar. La identificación conjunta de las precariedades, desconfianzas e incertidumbres frente a las plataformas percibidas con cierta opacidad y exterioridad es lo que propicia gradualmente el surgimiento de unos valores y discursos políticos compartidos orientados a una esperanza de mejora a futuro. Vemos entonces como, el desarrollo de una “racionalidad orientada a valores” (Weber, 1984: 18) quiere decir aquí fundamentalmente una “racionalidad orientada a relaciones” en un campo social concreto (Díaz de Rada 2007). Es decir, “racionalidad” orientada a la expresión e interpretación de vínculos sociales, pertenencias, identificaciones y posiciones en el espacio social precarizado de los riders. Es a partir de esta racionalidad que se llega a producir la organización política recuperando una figura clásica de la lucha de la clase trabajadora, el sindicato, desde el que se denuncia la desigualdad estructural del nuevo modelo empresarial de las plataformas de reparto. Se combina con una alternativa práctica, de tipo empresarial mercantil, desde la figura cooperativista, pero, en este caso de tipo sociotécnico, ya que conlleva la apropiación y reformulación de la tecnología digital misma: la “app” como medio de trabajo que organiza la actividad laboral. Así, la “app” como artefacto sociotécnico reapropiado conecta la práctica con los principios y valores de la Economía Social y Solidaria y del sindicalismo obrero. La mirada procesual y relacional resulta clave no solo para entender cómo emergen estas “economías morales” sino también para entender cómo se mantiene en el tiempo la solidaridad y la cohesión entre los trabajadores en torno a unos valores de reciprocidad y justicia social. En este sentido conviene recordar que economía, moral y estructuras afectivas resultan en la práctica indisociables (Narotzky, 2015). La perpetuación y cambio de las relaciones sociales económicas se apoyan tanto en mecanismos coercitivos como en la aceptación social de su legitimidad, a su vez, la aceptación de la legitimidad de las relaciones socioeconómicas es puesta a prueba continuamente por la praxis social, por como las personas la sienten, valoran, juzgan y la proyectan.

La etnografía de Jesús Sanz sobre Traperos de Emaus-Navarra, contribuye a la necesidad de etnografías en este ámbito. Se trata de un colectivo de largo recorrido, participe de la Red de Economía Alternativa y Solidaria (REAS), que desarrolla su actividad de recogida, reciclaje y recuperación de residuos apostando por un trabajo digno como forma de inclusión social frente a situaciones de exclusión o vulnerabilidad. Su crecimiento en los últimos años se basa en la colaboración creciente con las instituciones públicas a las que presta servicios, así como a las ventas de objetos recuperados en sus tiendas. Siguiendo planteamientos weberianos podríamos decir que esta organización funciona en términos societarios y comunitarios. Es decir, a partir de acuerdos racionales, orientados por fines y por valores compartidos, y regulados por normas contractuales tanto como por vínculos afectivos y tradicionales que generan una unidad significativa entre sus miembros y el contraste con un “otro” o tercero. Concretamente, las lógicas comunitarias basadas en la reciprocidad, el cuidado mutuo y la pertenencia simbólica, se articulan en torno a la figura moral del oficio del "trapero" y a una ética del trabajo y su reparto. Aquí, el trabajo no se concibe exclusivamente como un medio de obtención de ingresos, sino como un bien colectivo, distribuido bajo principios de equidad y solidaridad, y como una herramienta de inclusión y dignificación personal que permiten la emancipación de colectivos vulnerables. Además, el mantenimiento del sentido de comunidad tiene que ver con el contraste con el exterior. Así, la reivindicación del “trapero” como figura útil y subalterna se contrapone al consumo desmedido, la competitividad y la exclusión. Esta diferenciación simbólica, genera orgullo identitario y cohesión moral. En este sentido es evidente que la moral también es una cuestión política, como señalan Thompson y Scott. Pero para que este sentimiento comunitario se mantenga en el tiempo, Weber señala que debe existir un orden legítimo reconocido como válido por quienes participan en él. En Traperos, esta legitimidad se sostiene tanto en la autoridad moral de una dirección comprometida y militante en términos políticos, como en la formalización de principios colectivos que protocolarizan los mecanismos internos de deliberación y toma de decisiones, organización laboral, reparto salarial y los principios que los guían. Por ejemplo, a través de documentos como el “Marco Social, Solidario, Laboral y el Compromiso Medioambiental”. Sin embargo, la autoridad legítima de esta organización funciona en tanto los miembros actúan como si el mandato se hubiera convertido en máxima de su propia conducta. Ahora bien, Sanz advierte que esta lectura corre el riesgo de incurrir en cierto idealismo si no se considera la dimensión material de lo económico (Hann 2018). En efecto, las tensiones internas que enfrenta Traperos —derivadas del crecimiento, la rotación laboral y las demandas salariales— evidencian que la sostenibilidad de la comunidad moral requiere también de una infraestructura económica capaz de sostener los principios éticos sin ceder ante las lógicas de acumulación propias del mercado. Tan importante es que los sujetos implicados reconozcan y asuman la validez del orden por el contenido ético y afectivo que lo sustenta, como por sus resultados (de inclusión, de cuidados, de condiciones laborales, etc.). Así, la organización encarna un ejemplo de economía moral institucionalizada, donde las relaciones laborales están profundamente incrustadas en un entramado simbólico, afectivo y normativo, que reproduce al mismo tiempo vínculos de comunidad y formas racionales de organización. Esta configuración, en tensión permanente, da cuenta de los dilemas reales que enfrenta la solidaridad en estructuras productivas contemporáneas de la Economía Social y Solidaria y del esfuerzo simbólico, afectivo y recursos materiales necesarios, para sostener un orden que combine viabilidad económica con justicia social, legitimidad y sentido colectivo.

Maider Baraño, Alba Artiaga y Lucía del Moral detectan cuatro moralidades centrales que animan las entidades dedicadas al cuidado en Madrid, Sevilla y Guipuzkoa que estudiaron. Por un lado, las integrantes de estas iniciativas son beneficiarias y ejecutoras a la vez, es decir su concepción comunitaria de los cuidados excede su condición de usuarias o receptoras pasivas. Además, priman las relaciones interpersonales sobre las formales y se desdibuja en sus prácticas la diferencia tajante entre vida profesional y personal. En este sentido los cuidados son los trabajos que sostienen la vida y tiene que ver con el cuidado de toda la población y del entorno que habitamos, natural y social. La “sostenibilidad de la vida” significa para ellas que el trabajo de producción y reproducción son mutuamente constituyentes y por ello no artificialmente divisibles. Conciben los cuidados como un derecho, no un servicio, y la persona receptora como autónoma para decidir. Mientras que muchas personas estarían afirmando que estos estándares morales son deseables, algunas consecuencias que se producen al ponerlos en práctica no lo son tanto. Por ejemplo, al priorizar los lazos personales y la obligación moral sobre otras consideraciones, como los intereses de compañeras y receptoras de cuidado, dinámicas autoexplotativas se posibilitan. El reloj de fichar se opone al compromiso personal de cuidado - autoexplotación y autocuidado se vuelve una tensión constante. Además, los altos estándares morales que rigen muchas iniciativas comunitarias no existen al exterior de estas. Así las desigualdades que generan los sistemas de dominación capitalistas patriarcales y raciales atraviesan estas experiencias de cuidados comunitarios, de modo que la revalorización de los cuidados que practican no siempre va acompañada de redistribución de las tareas y roles referidas a la atención física y emocional a las personas. El empleo del hogar sigue asignado “a cuerpos racializados de mujeres migrantes, la dependencia a sujetos mayores o la inquietud por la crianza a mujeres madres”. Esto explica que pese a la potencia performativa que tienen los imaginarios y discursos de estas iniciativas para avanzar en la democratización de los cuidados, sólo pueden realizar parte de sus propios ideales, lo que anima a sus críticos a verlos como “moralizadores” en el sentido peyorativo.

Sin embargo, detallar las tensiones existentes y las dificultades de los colectivos a la hora de darles respuesta no debería hacernos perder de vista las prácticas orientadas generar herramientas con las que mejorar y/o crear alternativas al sistema socioeconómico dominante. Así lo evidencia también el artículo de Matxalen Legarreta-Iza, Isabel de Blas y Sofía Ugena, al poner el foco en tres iniciativas: una cooperativa dedicada a la alimentación agroecológica que facilita la corresponsabilidad entre sus miembros, una asociación sin ánimo de lucro que presta cuidado a personas ancianas y un grupo de madres y padres asociados en torno a un modelo educativo de pedagogía alternativa. En este análisis que ahonda en los mecanismos de la reciprocidad, se detallan los procesos por los que el cuidado al ser dado y devuelto incorpora, en la propia contraprestación, ciertas plusvalías: de alianza, de confianza y también de prestigio, placer y gratitud (Casado Neira 2003). En cada caso vemos cómo estas plusvalías, no bastan para enfrentar los repartos desiguales de poder, trabajo o responsabilidad, pues también conllevan desequilibrios y tensiones abiertas, sobre las que los colectivos y sus integrantes tratan de dar respuestas. Así, por ejemplo, la confianza entre los miembros, basada en comunicación y asunción de principios de la economía feminista, no parece suficiente para desnaturalizar y resocializar a las mujeres como cuidadoras doctas en el plano emocional y a los hombres como proveedores de lo material. Además, se expone como, la resistencia colectiva y cuidada, que practican estos colectivos frente a las lógicas del rendimiento y productividad se mantiene gracias redes reducidas, un exigente compromiso e implicación que, pese al prestigio que implica, termina derivando en situaciones de autoexplotación de sus miembros, de modo que, paradójicamente terminan reproduciendo algunos de los principios ideológicos del capitalismo flexible. Para contrarrestar las dinámicas heteropatriarcales que atraviesan el manejo de los cuidados, los colectivos ponen en marcha espacios de visibilización y debate sobre los desequilibrios y desarrollan formas prácticas de otorgar un valor diferencial al cuidado. Así, por ejemplo, en dos de las iniciativas más feminizadas, la dedicada a la crianza alternativa y la de trabajadoras del hogar, promueven políticamente y llevan a la práctica condiciones laborales dignas desde prácticas de contratación de Cuidados. Mientras que, en el colectivo menos feminizado de los tres, el modo de lograr una participación sistematizada y equilibrada entre géneros es mediante la remuneración y cotización del tiempo dedicado al cuidado de las criaturas del colectivo. Es decir, tratan de resituar este trabajo en el mismo plano que el que aporta beneficios monetarios a la iniciativa. Para contrarrestar exigencias y formas de autoexplotación en el colectivo se llevan a cabo estrategias que implican ampliar el sentido de placer del tiempo y esfuerzo donado, reforzando el gozo de trabajar y participar en el colectivo en coherencia ideológica con los principios asumidos colectivamente. Finalmente, este artículo pone atención a una cuestión importante, el acto de donar (cuidados, tiempo, esfuerzo, experiencia, conocimientos) coloca a quien da en un lugar preponderante en términos simbólicos, es decir conlleva una plusvalía de prestigio. Este prestigio que es reconocido dentro y fuera del colectivo, incide en la autopercepción de sus miembros, y en cierta medida contrarresta la exigencia y sobrecarga de trabajo.

Como puede apreciarse, es importante tener en cuenta que la economía moral de estos colectivos no es solo una forma de redistribución solidaria ni un campo de valores declarativos aislado de las relaciones sociales tardocapitalistas de producción y reproducción social. Los ámbitos de valor que se producen no son estáticos ni siempre están claramente diferenciados y enfrentados en la práctica —como la producción material y la organización social, o la racionalidad económica frente a las emociones— en tanto los sujetos experimentan simultáneamente distintas formas de interacción social (Narotzky, 2015). En este sentido resulta clave incidir en las tensiones y ambivalencias que atraviesan las escalas de cálculo, las conversiones y el entrelazamiento de las distintas prácticas de valoración de los/as agentes que conforman estas iniciativas en la práctica. Conviene tener en cuenta también que la producción de valor expresa una relación diferencial, que exige una definición de lo deseable, no sólo de lo deseado, y que incide en la acción y a la vez es incomprensible fuera de la acción social. Las etnografías realizadas permiten apreciar, además, como los ámbitos de valor que se ponen en juego, son indisociables de las nociones de relación y posición, que, conjuntamente, constituyen un espacio de poder entre sujetos sociales (Díaz de Rada, 2007).

El artículo de Patricia Homs, Sara Sama y David Berna, sobre el salto de escala de las iniciativas agroecológicas hacia modelos de supermercados cooperativos, ahonda en esta perspectiva. Las autoras muestran como las iniciativas de aprovisionamiento agroecológico al orientarse hacia modelos más amplios, esperan avances en sus propuestas de (re)incrustar los sistemas alimentarios en prácticas de solidaridad y cooperación entre las productoras y las consumidoras, así como favorecer el acceso de alimentos sano y socio ecológicamente sostenibles a una población más diversa. Sin embargo, el salto de escala impone, en la práctica, nuevos gastos, más implicación y trabajo, que no se cubren con un numero de nuevas incorporaciones. Su volumen de compra semanal, que es menor de lo esperado, limita la posibilidad de ofrecer precios más bajos y accesibles a más personas. Buscar el equilibrio entre la viabilidad del proyecto, la inclusividad socioeconómica y la sostenibilidad socioambiental, ha llevado a incorporar medidas que, sin embargo, acaban derivando en dinámicas de mercado, limitando las expectativas transformadoras de las iniciativas. Por un lado, para ampliar el número de socias que están activas y compran de forma semanal en el supermercado, se diversifica y abarata la opción de compra, pero a costa de incluir productos que no proceden de sistemas agroecológicos, o bien de reducir el margen de beneficio del precio de productos agroecológicos considerados de mayor necesidad para hacerlos más accesibles. Estas medidas generan tensiones entre las productoras y las consumidoras que interpretan el precio justo de formas distintas. Por otro, se trata de ampliar los horarios de los supermercados y flexibilizar las horas de trabajo no remunerado para ajustarlos a los ritmos de vida y necesidades de perfiles dependientes del trabajo asalariado y del cuidado que dedican a sus hogares. Pero ello es a costa de un esfuerzo humano y económico que se sigue internalizando en los precios, y repercute por tanto en la necesaria democratización interna de los cuidados entre las socias y las productoras. Muchos supermercados cooperativos no han tenido más remedio que acudir a subvenciones públicas para mantenerse. Pero esto también acarrea otras dependencias difíciles de asumir, como aumentar las contrataciones de personal, atender a actividades socioeducativas y un aumento de la carga organizativa y burocrática. Todo ellos, presiona, a su vez, en los precios y tiempos y formas de dedicación, que solo determinadas personas pueden o están dispuestas a asumir. De este modo las autoras ponen de manifiesto que, los valores morales de los sistemas de aprovisionamiento alternativos conllevan otras concepciones de la justicia, del cuidado socioambiental, pero siguen alimentando relaciones de desigualdad en un marco capitalista. La forma de concebir y fijar el valor de los alimentos, así como las condiciones socio materiales que media en los procesos de producción-distribución-consumo, siguen ancladas en la economía política hegemónica capitalista. No hay una coexistencia real de dos sistemas de valor. Además, los cambios que logran impulsar acontecen fundamentalmente en los hábitos de consumo, pero no se subvierten las relaciones de producción, ni los flujos de acumulación de capital.

 

3. Conclusiones

En esta introducción discutimos el concepto de la economía moral como eje vertebrador de los cinco artículos etnográficos de iniciativas socioeconómicas alternativas o transformadoras. Uno de los principales aportes de este dossier es su contribución empírica al análisis de las formas alternativas de valorar que emergen en estas iniciativas. Siguiendo a Narotzky y Besnier (2020), los textos permiten observar cómo, en un contexto marcado por la crisis y el desajuste entre los procesos de extracción de excedente y los marcos morales de obligación que sostienen la continuidad de determinadas formas de producción y distribución desigual, se activan repertorios éticos que redefinen el valor económico en contraposición al intercambio meramente mercantil. Estas formas de valoración apelan a criterios como la sostenibilidad de la vida, la reciprocidad o la equidad, cuestionando los principios dominantes de acumulación desigual, eficiencia y rentabilidad. En esta línea, los casos dialogan con la propuesta de Carrier (2018), quien defiende una concepción analítica de la economía moral centrada en la reconstrucción de los marcos normativos que subyacen a las prácticas y relaciones económicas cotidianas. Las iniciativas analizadas permiten observar cómo se construyen regímenes alternativos de precios, distribución de recursos o valoración del trabajo y los cuidados que materializan estos marcos normativos diferenciados. En este punto, se hace visible la dimensión instituyente de estas prácticas, en la medida en que apuntan a reconfigurar las reglas mismas de lo económico.

Sin embargo, los artículos evidencian que los valores morales son objeto de negociación, disputa y reconfiguración constante. Los casos de estudio destacan cómo la economía moral no debe entenderse como una esfera separada o puramente “alternativa”, sino como un terreno de lucha inscrito en relaciones sociales y estructuras de poder diferenciadas que atraviesan las iniciativas y los agentes que participan de ellas (Bourdieu y Wacquant, 1992). Ello introduce una dimensión crucial: cómo el orden hegemónico existente, se reproduce mediante apelaciones a valores compartidos que son asumidos, incluso por aquellos que tratan de subvertirlos. Esto enlaza con la lectura gramsciana de la hegemonía como dominación cultural que opera a través de las prácticas y expectativas cotidianas (Williams, 1980), y subraya la necesidad de analizar la moral no solo como ética de resistencia, sino también como vehículo de naturalización de la desigualdad (Nartotzky, 2015; Palomera y Vetta, 2016). En este sentido, las diversas iniciativas negocian y disputan sus aspiraciones morales no solo con los condicionantes institucionales, las exigencias del mercado o los marcos legales sino en contextos culturales de valor interiorizados y encarnados, que no son fáciles identificar y de modificar en la práctica. Esto es especialmente complejo en un contexto marcado por el colapso del "arreglo moral" keynesiano —basado en la redistribución y la promesa de inclusión democrática— que ha dejado al descubierto la fragilidad de los pactos sociales que sostenían el capitalismo del siglo XX, así como de expansión de un tipo de capitalismo flexible donde se produce una creciente imbricación entre esferas de valor anteriormente diferenciadas (económica, social, afectiva) propiciando ambivalencias en la articulación de vínculos y compromisos (Nartotzky y Besnier, 2020). Las iniciativas recogidas en este número, al integrar dimensiones productivas, afectivas y comunitarias, ilustran precisamente la “borrosidad de los órdenes de valor” y los desafíos que ello conlleva. De hecho, lejos de una mirada idealizada, los textos recogidos en este número permiten observar cómo las economías moralmente orientadas también reproducen diferencias de poder, desigualdades de género o tensiones entre profesionalización y voluntariado.

No obstante, como señala O’Hare (2022), estas economías “alternativas” no constituyen simples nichos marginales, sino que pueden entenderse como prácticas sociopolíticas que interpelan y reformulan los sentidos comunes sobre qué es y qué puede ser la economía. En esa línea, los casos incluidos muestran cómo las diversas iniciativas tampoco se corresponden con soluciones acabadas, coherentes y replicables en distintas escalas, sino más bien iluminan procesos de cambio imbricados. Son proyectos de acción donde se ensayan nuevas formas de organización, gobernanza y legitimación del valor económico, lo que invita a seguir pensando la economía moral como una herramienta analítica potente para el estudio de los procesos de reproducción y cambio social. Cabe destacar, finalmente, la importancia de la metodología etnográfica y el estudio de caso ampliado como enfoque privilegiado para captar la densidad moral, afectiva y política de las prácticas económicas. Concretamente, el enfoque etnográfico permite atender no solo a los discursos, sino a las prácticas de valuación que las personas ponen en juego en su vida cotidiana. Necesitamos indagar en las moralidades que se producen, negocian y disputan a través de relaciones económicas concretas.

 

Conflicto de intereses

Las autoras declaran no tener conflictos de interés.

 

Declaración de contribución de autoría

Las autoras declaran haber contribuido en partes iguales en la redacción de este texto.

 

Apoyos

Este artículo forma parte del proyecto I+D+i Cambiando los paradigmas: prácticas y discursos de las “Economías transformadoras” en un contexto de urgencia ecosocial (PID2019-106757GA-I00 financiado por MCIN/AEI/10.13039/501100011033).

 

4. Referencias bibliográficas

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